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Observatorio del Islam

elpais.com, 25/11/2017; La mujer de un yihadista decidido a viajar a Siria: “¿Qué es eso de que vas a ir a morir, mi amor?”

elpais.com, 25/11/2017; La mujer de un yihadista decidido a viajar a Siria: “¿Qué es eso de que vas a ir a morir, mi amor?”

29/11/2017

Las conversaciones de las esposas españolas de terroristas que elegían marcharse a combatir hasta la muerte en Siria reflejan sus miedos, angustia y frustración

https://politica.elpais.com/politica/2017/11/24/actualidad/1511540381_144695.html

JOSÉ MARÍA IRUJO | MADRID El 16 de abril de 2014 a las 19.28 horas Samira El Hallaoui se confesó con su tía Ikram y le explicó que su marido Mohamed Bouyakhlef, de 32 años, quería obligarla a viajar a Siria para que toda la familia se uniera a las filas del Estado Islámico (ISIS) y participara en la creación del nuevo Califato. Catorce familias españolas ya habían emprendido la ruta hacia la muerte. En Alepo recibían 20.000 euros, una casa y un Kalashnikov para el padre de familia.

Miedo, frustración y angustia son los sentimientos que reflejan las conversaciones íntimas grabadas por la policía a las mujeres españolas de los ocho yihadistas marroquíes que integraban la Brigada Al Andalus, una célula terrorista desarticulada en Madrid y dirigida por un expreso de Guantánamo. Sus miembros soñaban con morir en Siria haciendo la yihad. Dos lo consiguieron. El resto está en prisión donde cumplen penas de ocho años.

"Si tienes cojones vete, pero coge la puerta y me dejas la carta de divorcio"

Ante la resistencia de su esposa, Mohammed, el marido de Samira, pidió consejo por teléfono a un supuesto sabio llamado Sheik Abderrazak residente en Nador (Marruecos).

— “He decidido irme por la causa de Dios y tengo una mujer que no quiere ir. Si la dejo y me marcho solo, ¿es lícito o no?

— ¿Por qué no quiere ir?

—Sigue intentándolo y si al final no quiere, puedes ir porque lo has intentado.

Mohammed le dijo que un hermano suyo tenía el mismo problema con su mujer y el “sabio” les animó a marchar. “Dios es y será responsable. Será vuestro tutor y cuidará de vosotros”, le vaticinó.

Mohamed se hacía llamar entre los suyos Mohamed El Grande y frecuentaba una finca de Santa Cruz de Pinares (Ávila) donde se reunían los miembros de la célula con sus mujeres. Su determinación a hacer la yihad era tan firme que hasta había viajado a Melilla para entrevistarse con Mustafá Maya, un salafista barbudo que sentado en su silla de ruedas y con la ayuda de un ordenador portátil había enviado a 200 combatientes de ocho países a combatir junto al ISIS en Siria e Irak.

En mayo de 2014 el marido de Samira trasladó sus sentimientos más íntimos a Nabil Benazzou, otro de los miembros de la célula de marroquíes. “Te despiertas ilusionado cuando dices: ‘me quedan unos días para morir por la causa de Allah. Cuando estás en la yihad sabes que puedes morir shahid (mártir)’.

Días después es Nabil, de 49 años, el que le llama a su teléfono móvil y se sincera con él. Le comunica que está preparado y que ya no le interesa escuchar música. “Eso es normal, llegado este punto de misticismo”, responde Mohammed.

Raquel Alonso la mujer española de Nabil vivía en aquellas fechas la misma angustia e incertidumbre que Samira. A las 19.12 horas del 1 de mayo los agentes que monitorizaban sus conversaciones grabaron un elocuente diálogo con la hermana de su marido residente en Marruecos. “Me está asustando (Nabil). Me da la sensación de que se puede ir (a Siria) en cualquier momento. No es la persona con la me casé. Es otra persona. Hay gente que entra en un estado radical muy fuerte y tu hermano está en ese punto. Yo no sé hasta donde puede llegar. Cuando se obsesiona por algo es hasta el final. Estoy segura de que el viaje a Marruecos tiene una finalidad. No me creo que cuatro amigos se van a Marruecos de repente”.

“Ya no aguanto más, es un machaque psicológico”

En aquella época se intensificaron las reuniones del grupo en sus centros de reunión más íntimos: la tetería Isla Verde de Torrejón de Ardoz (Madrid), en el pantano de El Atazar y en la finca de Ávila propiedad del suegro de Nabil adonde acudían fines de semana con sus mujeres.

Nabil llevaba un año anunciando su muerte a su mujer. “Yo amor, yo voy a morir joven amor, yo no voy a llegar a la jubilación mi vida, cariño”. “¿Pero quién te dice que vas a morir joven? ¿Pero qué es eso de que te vas a ir a morir, mi amor? ¿Qué gilipollez es esa? ¿Te has hecho algún reconocimiento médico que yo no sepa?, porque llevas dos semanas diciendo que te vas a morir. ¡Pues dímelo ya!“, le respondía ella.

Nabil, natural de Casablanca, disfrutaba de una vida acomodada. Pero su obsesión era alimentar su cuenta en Facebook con vídeos de Al Qaeda y buscar en Internet material militar. Ni su mujer, ni sus dos hijos eran un impedimento para sus planes. A una vendedora de American Express que le comunicó que la tarjeta oro que le ofrecía llevaba aparejada un seguro de vida le respondió así: “Mi religión me prohíbe contratarlo porque la muerte es un juego de azar”.

Un padre a su hijo, menor de edad: "no puedo confiar en tí. Los de tu edad ya están combatiendo a los infieles"

Marta Trabado, la esposa de Abdeslam El Haddouti, otro de los acólitos de la célula, fue discreta en sus conversaciones telefónicas, pero se desahogaba en su diario. “Ya no aguanto más, es un machaque psicológico tal que no puedo seguir..” Abdeslam no le permitía salir sola a la feria, le prohibió tener imágenes en su casa y, a veces, la insultaba:“ Eres una basura”.

Sus hijos iban al instituto del barrio y los fines de semana daban clases de árabe en la mezquita de la M30, la más grande de Madrid. Para proteger a su marido, Marta aseguró a los jueces que aquellos sentimientos plasmados en su diario eran solo discusiones de pareja.

Abdeslam intentó captar a Elías, su hijo y mostró su lado más oscuro y la manipulación de la que era capaz. “Elías me siento mal al saber que mis hijos desde pequeños me mienten y me esconden cosas. No puedo tener confianza en ti, parece que tienes dos años mientras que los de tu edad ya están en la yihad combatiendo a los infieles. Sé un hombre y ten fuerza, queremos que seáis hombres. No puedes seguir así. ¡Tienes que ser un hombre! ¿Me oyes? “.

No todas se resistieron. Yolanda Martínez, la esposa de Omar El Harchi, escribió una carta de despedida en la que afirmaba que ante el conflicto sirio había que pasar a la acción.

¡Vaya hombres estos que van a luchar!

Lahcen Ikasrrien, de 50 años, marroquí residente en España desde hace varias décadas, aglutinó a la célula que envió hacia una muerte segura a dos de sus miembros. Abdellatif El Morabet y Bilal El Helka viajaron en 2012 de Madrid a Estambul (Turquía) y desde allí a Alepo (Siria) donde murieron combatiendo en una katiba (brigada) del Frente al Nusra, filial de Al Qaeda.

Por su pasado en Afganistán, donde fue detenido tras la invasión de EE. UU. en 2001 y sus cinco años de prisión y torturas en Guantánamo, los miembros del grupo le daban tratamiento de emir (jefe). El propio Lahcen escribió una carta en árabe a un mutfí, jurisconsulto musulmán con autoridad pública, para consultarle su decisión de desplazarse a Siria.

Un vídeo intervenido a uno de los acólitos demostró a los investigadores que antes de su frustrado viaje a Siria para unirse a las filas del Estado Islámico realizaron ejercicios de entrenamiento. En las imágenes aparecen miembros del grupo cruzando un río. El que graba les anima y dice: “muyahid 2, muyahid 3, número 3, venga, ser hombres..” Y uno de ellos responde: “preferimos ser mujeres, ja, ja, ja”. “!Vaya hombres estos que van a luchar¡”, reprocha el que sostiene la cámara.

Lahcen negó siempre a este periódico tener relación con la yihad, incluso en conversaciones pocos meses antes de su detención. Pero las evidencias lo han empujado a la prisión. La policía descubrió un diario con sus hazañas en Afganistán y el 22 de enero de 2014 llamó por teléfono a uno de los desplazados a Siria, Omar El Harchi, y le deseó “un buen matrimonio”, en referencia a sus planes de suicidio.Cumple una pena de 11 años y seis meses por integración en banda terrorista y falsedad documental.

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