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Observatori de l' Islam

lavanguardia.com, 31/12/2017; Auge y caída del 'Califato'

lavanguardia.com, 31/12/2017; Auge y caída del 'Califato'

07/03/2018

Si en 2014 los dominios del grupo yihadista se extendían como una mancha de aceite, hoy han perdido su territorio y cuentan con a penas un millar de combatientes

http://reportajes.lavanguardia.com/estado-islamico-isis/cronologia-del-estado-islamico/

MARINA MESEGUER El 'Califato' despareció en 2017. La campaña en Siria e Irak para acabar con el Estado Islámico ha logrado prácticamente su objetivo después de tres años y medio de batalla. Se ha acabado con un régimen sanguinario, pero su ideología y los problemas que la alimentan continúan vivos.

El mundo tomó conciencia de la existencia del Estado Islámico cuando en junio de 2014 se hizo, sin encontrar casi resistencia, con la ciudad iraquí de Mosul. Pero sus orígenes beben de la desastrosa invasión estadounidense de Irak allá por 2003. El germen de la organización nace cuando el jordano Abu Musab al-Zarqawi toma el liderazgo de la rama iraquí de Al Qaeda. No obstante, la estructura con la que alcanzó su plenitud no llega hasta años después de su muerte, cuando Abu Bakr al-Bagdadi es nombrado cabecilla del grupo en 2010, que por aquel entonces había sido rebautizado como Estado Islámico de Irak (ISI).

El joven clérigo de Samarra, junto a otros militantes yihadistas y ex miembros del gobierno de Sadam Husein habían cumplido condenas en el penal de Camp Bucca, donde se cree que se fraguó su unión y se construyeron los cimientos de lo que sería la organización yihadista más influyente de las últimas décadas. La cárcel estadounidense pasará tristemente a la historia como una ‘universidad del radicalismo’.

Con una nueva filosofía en marcha, en 2013 el ISI se une a la rebelión siria junto a frente Al Nusra, filial siria de Al Qaeda, y anuncia la fusión de las milicias en ambos países, naciendo así el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS). Esta decisión provoca la ruptura con la organización liderada por el médico egipcio Ayman Al Zawahiri y enfrentamientos con Al Nusra, pero Al Bagdadi logra imponerse. Es más, se lleva a gran parte de los combatientes del grupo oponente.

Empieza así un avance que parece casi imparable. En 2014 comienzan a expandirse por la región iraquí de Ambar y en los primeros días de enero ya controlan las ciudades de Ramadi y Faluya, provocando el pánico en Bagdad, a tan sólo 69 kilómetros de distancia. Pero a los yihadistas no les interesa entrar en una guerra de desgaste en la capital iraquí –hoy de mayoría chiíta- y viran hacia el norte. El objetivo es la segunda ciudad del país, Mosul, una urbe de más de dos millones de habitantes de mayoría sunita. La capital del resentimiento contra el nuevo régimen post Sadam.

El 10 de junio de 2014 el Estado Islámico se hace con Mosul sin encontrar apenas resistencia de las fuerzas iraquíes, que huyen en desbandada para humillación del gobierno iraquí y estadounidense. Dos días después, se hacen con Tikrit. Mientras, en Siria ya controlan Raqa, que se ha convertido en su cuartel general, y se extiende por la región rica en petróleo de Deir Ezzor. El proyecto se consolida.

Es entonces cuando Abu Bakr Al Bagdadi decide presentarse en sociedad y proclamar, desde una mezquita de Mosul, el nacimiento del ‘Califato’. “Musulmanes de todo el mundo, levantad vuestra cabeza. Desde hoy tenéis un estado y un califa, que os devolverán vuestra dignidad, poder, derechos y guía”, proclama solemne en la única aparición pública que se le conoce. El clérigo autoproclamado emir rebautiza a la organización como Estado Islámico. Mientras, las aguas del Tigris se tiñen de rojo con las ejecuciones en masa de soldados, y la sádica propaganda yihadista corre por las redes aterrorizando al mundo.

En agosto, la organización sigue la expansión hacia el norte y conquista la región de Sinjar provocando una crisis humanitaria que obliga a más de 120.000 cristianos yazidíes a escapar en cuestión de días. Muchos quedan atrapados en el monte del mismo nombre, sin comida ni agua y a la intemperie. Las imágenes de su rescate, con padres desesperados lanzando a sus hijos al interior de los helicópteros, golpean las conciencias del mundo. Mientras, el Estado Islámico asesina en masa a miles de hombres y niños yazidíes y convierte en esclavas sexuales a sus mujeres, vendidas como ganado en el mercado de Mosul.

El ocho de ese mes, Estados Unidos, junto a una coalición que acabará agrupando a 70 países, inicia los bombardeos contra posiciones del grupo en el norte de Irak, coordinándose con las fuerzas kurdas sobre el terreno. Los peshmerga parecen ser la única fuerza militar capaz de enfrentarse a los yihadistas. En respuesta, el 19 de agosto los yihadistas publican el vídeo de la decapitación del fotoperiodista estadounidense James Wright Foley, y dos semanas más tarde el de Steven Sotloff.

En Siria, el Estado Islámico inicia en septiembre un asedio de tres meses sobre la población kurda de Kobane, provocando el éxodo de más de 130.000 personas, que se refugian al otro lado de la frontera con Turquía.

A estas alturas, el Estado Islámico domina ya un territorio de entre 30.000 y 90.000 kilómetros cuadrados y gobierna las vidas de entre seis y ocho millones de personas a un lado y otro de la frontera entre Siria e Irak. Su ejército está formado por unos 15.000 combatientes en activo, miles de los cuales provenientes del extranjero, y se financia con la venta del gas y petróleo de los campos que controla, además de la recaudación de impuestos y de la financiación de benefactores en los países del Golfo.

A principios de 2015 la marca Estado Islámico se expande por el mundo musulmán. Decapitaciones de cristianos en Egipto, secuestros en Libia, Boko Haram jura lealtad al grupo desde Nigeria, ataques contra turistas en Túnez, contra mezquitas en Yemen… La mancha negra del ‘Califato’ sigue expandiéndose. Pero en marzo de ese año, reciben una de sus primeras derrotas importantes: el ejército iraquí recupera la ciudad de Tikrit. No obstante, el optimismo dura poco, y en abril, los yihadistas responden recuperando la ciudad de Ramadi, su mayor logro militar en ese año.

En mayo, la organización conquista la ciudad siria de Palmira y ya controla la totalidad de la frontera entre Siria e Irak. En septiembre, la irrupción de Rusia en el tablero sirio dará un vuelco a la doble guerra que vive el país, la del Estado Islámico y la de los rebeldes contra el régimen de Asad. Pese a los intensos bombardeos estadounidenses, la CIA se ve obligada a admitir a finales de año que el Estado Islámico no es más débil que el año anterior.

En febrero de 2016, el Estado Islámico vuelve a perder –esta vez definitivamente- la ciudad iraquí de Ramadi y hace frente a una revuelta interna en Faluya, pero la ciudad no es recuperada por el ejército iraquí hasta junio, insuflando de moral al desvencijado ejército iraquí y las milicias chiítas, que ahora cuentan con el apoyo de Irán. Mientras, la coalición liderada por Estados Unidos apoya a las fuerzas kurdas y árabes en su ofensiva para recuperar la región siria de Manbij. En agosto dejan a Raqa, la capital del ‘Califato’, sin la ruta de suministros que unía a la ciudad con la frontera turca.

En octubre, el ejército iraquí y los peshmergas kurdos comienzan la largamente esperada ofensiva para recuperar Mosul. Cientos de miles de personas permanecen atrapadas en una ciudad en la que habitaban dos millones de habitantes. Familias enteras tratan de huir entre el fuego cruzado. Debilitado por la pérdida de territorio y por la multitud de frentes abiertos, el Estado Islámico comienza una campaña de atentados bomba. Esta estrategia irá ganando peso a medida que vayan encajando derrotas.

A lo largo de 2017, los yihadistas se encuentran a la defensiva y en retirada. En julio, casi nueve meses después de que comenzara la ofensiva, el ejército iraquí anuncia la liberación total de Mosul. El precio a pagar, aunque todavía es pronto para calcularlo, ha sido la destrucción de la ciudad y la muerte de miles de civiles.

En octubre, tras meses de bombardeos estadounidenses, los yihadistas pierden su autoproclamada capital de Raqa y el Estado Islámico se ve obligado a admitir que ha perdido el ‘Califato’. En noviembre les llega el turno a Deir Ezzor y a Rawa, las últimas ciudades importantes que los extremistas dominaban en Siria e Irak. Finalmente, a principios de diciembre, el primer ministro iraquí, Haidar Al Abadi, anuncia que han recuperado el control de toda la frontera con Siria.

¿Qué es lo que queda hoy de aquel ejército de 15.000 hombres? Hace unos días, la agencia Reuters informaba de que, según la coalición liderada por los Estados Unidos, quedan menos de 1.000 combatientes del Estado Islámico sobre el terreno. Rusia también ha dado por terminada la batalla contra los yihadistas. ¿Quiere esto decir que la organización ha desaparecido? Ni mucho menos, aunque su objetivo de borrar las fronteras entre Irak y Siria ha fracasado.

Como decía el prestigioso analista Hassan Hassan en un artículo reciente, puede que se haya ganado “la guerra de 2014”, pero la que comenzó antes con la invasión estadounidense de Irak sigue latente. Y, si algo ha conseguido el Estado Islámico, ha sido contribuir a agravar el enfrentamiento sectario entre sunitas y chiítas.

Un general estadounidense que lleva dos años dirigiendo la coalición de países que ayudó a doblegar al grupo, afirmó bajo condición de anonimato al corresponsal de La Vanguardia Enrique Cymerman: “El Estado Islámico ha perdido prácticamente su dimensión territorial, pero no desaparece como organización terrorista. Son como una ameba que se adapta a las nuevas circunstancias, por lo que pasarán a ser una organización terrorista yihadista tradicional, al estilo de Al Qaeda”. Prueba de ello son los atentados reivindicados por el grupo en diversos puntos del planeta en los últimos años. El Estado Islámico vuelve, pacientemente, a los orígenes.

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